Vivimos deprisa.

Trabajo, familia, casa, compromisos, mensajes, cosas pendientes… Los días se van llenando casi sin darnos cuenta y, muchas veces, aquello que tiene que ver con nosotros queda para después.

Cuando tenga tiempo descansaré.
Cuando tenga tiempo volveré a practicar.
Cuando tenga tiempo meditaré.
Cuando tenga tiempo me cuidaré un poco más.

Pero ese tiempo casi nunca aparece solo.

Con los años he comprendido que mi práctica no puede depender del tiempo que me sobra. Para mí es importante. Es uno de esos espacios que necesito reservar conscientemente en mi vida.

No siempre significa hacer mucho. A veces es mover el cuerpo, otras respirar, meditar, escuchar el sonido de un gong o simplemente parar.

Pero ese momento está ahí porque he decidido hacerle sitio.

Y quizá por eso Anasté también está cambiando.

De centro de yoga a lugar de encuentro

Durante un tiempo Anasté funcionó como un centro de yoga: clases, horarios, talleres, actividades…

Fue una etapa preciosa y forma parte de su historia. Pero ahora siento que necesito algo diferente.

Anasté se está convirtiendo también en mi hogar y quiero que sea un espacio mucho más sencillo, íntimo y cercano.

Un lugar de encuentro.

Un espacio donde podamos compartir una práctica sin la sensación de tener que llegar a ningún sitio. Donde unas veces habrá yoga, otras meditación, respiración, silencio o sonido. Donde el gong, los cuencos o una práctica restaurativa puedan acompañarnos simplemente porque ese día y ese grupo lo necesitan.

No quiero que todo esté programado de antemano.

Me gusta pensar que cada encuentro puede tener su propia forma, porque también nosotros llegamos diferentes cada día.

Hacernos sitio

Estamos acostumbrados a llenar nuestra agenda de obligaciones y después intentar encajar nuestro bienestar en los huecos que quedan.

Quizá podamos hacerlo al revés alguna vez.

Reservar primero ese pequeño espacio.

Un rato para nosotros.
Para respirar.
Para movernos.
Para escuchar.
Para encontrarnos también con otros.

No como una obligación más que añadir a la semana, sino como una manera de recordar que nosotros también formamos parte de nuestra lista de prioridades.

Eso es lo que quiero que sea Anasté en esta nueva etapa.

No un lugar al que venir simplemente porque toca una clase.

Sino un espacio al que apetezca volver porque allí podemos parar, compartir y estar.

Anasté no es un espacio al que venir si te sobra tiempo.
Es un espacio al que decides hacerle sitio en tu tiempo.
🤍